Cuando la plaga expulso a los engendros tenebrosos hacia la superficie, las expediciones humanas empezaron a aventurarse en las profundidades subterráneas por primera vez en centurias, encontrando muy poca resistencia a parte de los rezagados. Entonces la gente empezó a desaparecer. Tras montar un campamento y pasar la noche podían echar en falta a alguno de sus compañeros. Aquellos exploradores que se perdieron en estas misiones, nunca volverían. Las partidas de búsqueda no encontraron ningún rastro de los hombres perdidos, ni tan siquiera sus huesos. Algunos dicen haber visto movimientos en la oscuridad, un baile de sombras que la luz de las antorchas clarificaba como nada extraño. Finalmente un solo guerrero sobrevivió de un escuadrón y no hablaba de nada comprensible excepto monstruos gusanos sonrientes que devoraron a sus compañeros. Las expediciones volvieron rápidamente a la ciudad.